Castillo interior o Las Moradas 1

El círculo filosófico El farol del Ermitaño, donde se hacen coloquios sobre filosofía, me pidió que mediante unas conversaciones, les comentara y explicara el libro Las Moradas o Castillo interior de santa Teresa de Jesús. Amenizamos así las tardes de varios domingos, intercambiamos pensamientos, aprendimos mutuamente y se reforzaron los lazos de amistad.

José Mª Luque Martín, miembro de este círculo, nos dice:

¿Por qué es tan interesante santa Teresa de Jesús?

En mis años de estudios sobre distintas religiones, incluso sobre la filosofía clásica, es muy difícil que un comentarista bien cualificado, al utilizar la palabra misticismo, no hable de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz.

El que escribe esto, siente el mayor del respeto que sea capaz por cualquier religión que promueva el amor al prójimo, pero un caso como el de nuestra santa, es una atracción atávica, intuitiva e incomprensible a la vez. Esto que digo, lo he comentado con compañeros de viaje en la espiritualidad, por ello, el tener la oportunidad de que una persona que ha vivido y vive las enseñanzas carmelitas, y nos las comentara a nuestro círculo filosófico es una suerte que no se puede dejar pasar.

¿Por qué Las Moradas o Castillo Interior?

Acostumbrado a leer muchos libros y después de haber visto videos de maestros o sobre maestros y santos, encuentro un problema añadido: el idioma. Sostengo que no hay nada como el idioma natal para comprender las palabras. Las Moradas, suponen un mapa espiritual para acceder al mundo interior, a Dios y, los hispanoparlantes, tenemos este tesoro que al estar en un castellano del siglo XVI se nos dificulta.

Como investigador o más bien autoinvestigador comprendo que, para entender a una persona del calibre de santa Teresa, es necesario, no ya la lectura detenida de los textos, si no que la persona que lo explique, viva esos textos, Hortensia.

Publico aquí la trascripción de la primera conversación, mantenida entre José María Luque y yo. Podéis participar también en los comentarios.

José Mª: Vamos a iniciar hoy una serie de audios en los cuales la escritora Hortensia López Almán, que tiene publicado un libro que se llama Cuidemos la vida consagrada, va a explicarnos un poquito cómo desde la fe se entiende a santa Teresa y yo creo que hay mucha gente interesada.

Ha sido religiosa durante veinte años, entonces queremos aprovechar sus conocimientos sobre el misticismo de santa Teresa, le hemos pedido que nos acompañe en nuestros coloquios habituales y nos hable del libro Las Moradas, y ella amablemente lo ha aceptado. Adelante Hortensia.

Hortensia: Bueno, buenas tardes a todos. Lo primero daros las gracias por haberme invitado a participar en vuestras charlas y coloquios. Es la primera vez que hago esto, así que no sé cómo saldrá. No estoy acostumbrada a hablar en público, ni dar charlas o conferencias. Bueno, como os veo interesados en santa Teresa voy a comenzar con una breve introducción de su vida, su obra, su carisma, y así entenderéis mejor este libro.

Santa Teresa de Jesús, como sabéis es del siglo XVI y ella aparece en la historia de la Iglesia en un momento en que en las órdenes había una forma de vida, digamos que así en general llamamos relajación. Es una palabra que no me gusta usar porque la relajación es subjetiva. Santa Teresa dio un gran impulso a la vida contemplativa, pero hasta qué punto podemos utilizar la palabra relajación para definir la forma de vida que llevaban los religiosos en aquella época y en todos los conventos y todas las órdenes, habría que estudiarlo más detenidamente. Pero esta es la idea que pulula en el aire, que en aquella época la vida religiosa estaba relajada.

Entonces ella aparece como reformadora de una orden que en la Iglesia es considerada como una de las órdenes más, digamos… de las más queridas, se dice que es la Orden de la Virgen María. El Carmelo se fundó nueve siglos antes de Cristo1Sobre la fundación de la orden del Carmelo hay dos teorías, una que dice que la fundó el profeta Elías nueve siglos antes de Cristo, y otra que afirma que se fundó en el siglo XII por un grupo de ermitaños inspirados en el profeta Elías. Yo me acojo a la primera y como lo explico en otra charla, aquí lo dejo así.. Lo fundó san Elías Profeta, aparece en el Antiguo Testamento y cuando Elías desaparece—porque él no muere, sino que, como cuenta la biblia, un carro de fuego lo arrebata al cielo—, sigue una sucesión de profetas, que son sus continuadores y eso sigue hasta el siglo XII, cuando ya aparecen escritos, las constituciones, la regla, leyes para organizarse. Esto pasa en el Monte Carmelo, que está en Tierra Santa, y a partir de ahí ya la Orden se funda como orden propiamente. Entonces, es una orden que comienza nueve siglos antes de Cristo y cruza toda la historia de la Iglesia, de hecho, tiene la promesa de que va a llegar hasta el fin del mundo. Entonces es una orden que ha sufrido muchas transformaciones y ha pasado por muchas cosas, se fundó en Tierra Santa, vino a Europa después de las cruzadas, y de Europa se extendió por todo el mundo. Cuando los cruzados trajeron la Orden aquí a Europa también sufre un cambio en el estilo, porque allí aquella gente era ermitaña, contemplativa, cuando viene a Europa los frailes también se dedican a la vida activa. La rama femenina comenzó después. No me acuerdo de las fechas, me vais a perdonar, me acuerdo de las ideas. Cuando santa Teresa entra en el Carmelo tenía ciento y pico de años nada más la rama femenina, si acaso cien. Y entonces ella entra en la Orden, se quiere consagrar a Dios dentro de la Orden y aquí siente la llamada de Dios de mejorar esa forma de vida. Entonces ahí es cuando ella comienza su reforma. Por otra parte, es una gran mística porque recibe gracias místicas extraordinarias, éxtasis, tiene visiones del Señor, en fin…

A mí me gusta mucho ver a santa Teresa en el marco de toda la Orden, por eso he contado esto. A mí me gusta ver a santa Teresa en una orden que se fundó en el siglo IX antes de Cristo y que tiene la promesa de que va a durar hasta el fin del mundo. ¿Por qué? Porque hay que encauzarla ahí para conocerla mejor y conocer su carisma, porque hay gente que tiene tan idealizada a santa Teresa que se cree que con ella se acabó todo, y además no considera que la Orden existe mucho antes que ella. Yo a santa Teresa la quiero mucho y es una grandísima santa, pero ella deja un espíritu y ese espíritu puede madurar, perfeccionarse y crecer. Y eso no le quita nada a santa Teresa, es como los hijos que no les quitan nada a los padres. Entonces hay que ubicarla en ese marco de la historia. Recuerdo una obra de teatro que hice en uno de los conventos en los que estuve y puse esta idea, que gustó mucho. Apliqué a santa Teresa esa frase de Jesús cuando Él dice: “Yo me voy al Padre y vosotros haréis obras más grandes”. Entonces a santa Teresa se le puede aplicar. Yo lo puse en boca de ella, hice una obra de teatro en que estaba en una recreación y las novicias le preguntaban cosas sobre su vida, sobre las fundaciones y ella iba contestando y al final de la obra les dice: “Pero no, yo os dejo mi espíritu, mi carisma y vosotras podréis hacer obras más grandes porque yo me voy al Padre”.

Entonces a santa Teresa hay que verla así, como algo que tiene vida, que no ha muerto y nosotros podemos hacer obras más grandes en ese sentido, sin quitarle nada a la grandeza de ella, pero que de hecho su espíritu está ahí para que vivamos de él y sigamos creciendo y hagamos obras más grandes. Y así me gusta a mí ver a santa Teresa. Además que el espíritu de santa Teresa no es otro que el de san Elías.

Y una orden que tiene la promesa de que va a durar hasta el fin del mundo, tiene todavía que sufrir más transformaciones, tiene que ver nacer nuevos santos, nuevas personas carismáticas que aporten mucho tanto a la orden como a la Iglesia. Siempre dentro de nuestro espíritu.

Entonces, ¿qué más contaros de ella? Su vida es la oración. Cuando le piden que cuente su vida, si leéis o habéis leído su vida, su biografía contada por ella misma, no habla de otra cosa más que de la oración. Cuenta su infancia, cuenta todo, pero siempre la oración, la oración, de hecho llega un momento que se pone a hablar sobre la oración olvidándose de su biografía. Esa es su vida. En todos sus libros, por ejemplo el libro de Las Fundaciones, le piden las monjas que cuente las fundaciones y empieza a contar la historia de las fundaciones y no para en todo momento de hablar sobre oración, de dar consejos de vida religiosa, es su vida y su forma de pensar.

Y bueno, esto es lo que quería contaros, lo que pasa es que prefiero interactuar, que me hagáis preguntas.

JM: Bueno, ¿te pregunto algunas cosas que van surgiendo?

H: Venga.

JM: Bueno, ¿qué es una orden contemplativa? Puedes explicar un poquito eso.

H: Una orden contemplativa se basa a partir del deseo de un grupo de personas que quieren dedicarse única y exclusivamente a la alabanza de Dios, a la adoración, eso es fundamental, vamos la base fundamental es el culto divino. Luego también surge como una vida para rezar por el bien de la Iglesia, la salvación de las almas, para hacer penitencia, pero digamos que lo principal es el culto divino, lo demás es fruto de lo anterior. Entonces es un grupo de personas que quieren dedicarse solo a la alabanza divina. Y el horario se divide centrándose en la Misa y el Oficio Divino, el trabajo y todas las actividades de los monjes giran en torno a eso y todo va en función de ello.

JM: Y, entonces todas las personas que están en la primera época del Carmelo eran contemplativas ¿no? ¿Sigue siendo así o en existen grupos que sean más activos?

H: Eso sí. Como he dicho, los frailes cuando llegaron a Europa optaron más por la vida activa. De hecho en Europa no hay monjes contemplativos carmelitas. Son frailes. Y sin embargo las monjas son todas contemplativas. Luego ya en el siglo XIX surgieron órdenes de vida activa que se acogieron al Carmelo, como son las del Padre Palau, y hay alguna orden más que se acogen a la regla del Carmelo y son de vida activa. Pero el Carmelo es fundamentalmente una orden contemplativa.

De hecho santa Teresa funda a los frailes para que atiendan a las monjas, esa es su idea, para que la dirección espiritual, la formación y todo lo hagan los frailes. Esa es la idea de santa Teresa. Lo que pasa es que luego las cosas evolucionan y ahora los frailes incluso tienen parroquias.

JM: Vale. Entonces una orden contemplativa se centra sobre todo en lo que es la alabanza a lo divino.

H: Bueno, alabanza a Dios.

JM: A Dios, al mundo divino. Entonces esto es, por ejemplo, si tú ves a los monjes budistas en la televisión… ¿no has visto tú imágenes de eso, ni videos ni nada?

H: Videos no, fotos sí, de los monjes budistas.

JM: Aquí, la sensación que dan, van con sus ropas y están como meditando, pronuncian una palabra o un sonido Om Mani Padme Um y se centran en ese sonido que tienen un alto sentido espiritual. En las oraciones que hacen en la orden contemplativa carmelita ¿son rezos? ¿Están todo el día rezando?

H: Bueno, claro, fundamentalmente la oración y el Oficio Divino, que el Oficio Divino es… —se llama ahora Liturgia de las Horas—, es como una continuación de la Misa. Está formado por salmos, responsorios, lecturas, oraciones. Y luego, también se reza el rosario en un momento del día, hay una hora que son 45 minutos, aunque sea así lo llamamos la hora de la lectura, que tiene que ser lectura personal, cada una en su celda y luego el resto del día se hace el trabajo, las recreaciones, pero el eje es la oración, pero bueno, luego hay otras actividades.

JM: Entonces, es prácticamente como una concentración perpetua durante todo el día, mantener el máximo posible una concentración en Dios.

H: Sí, se intenta eso, mantener la presencia de Dios, cultivarla. Te educan así desde el postulantado, tú estás trabajando y estás pensando en Dios, estás rezando, se intenta que todo el día esté volcado en Dios, claro.

JM: Vale. Pero es como un esfuerzo, es decir, estoy esforzándome en pensar en Dios. Por ejemplo, ¿cómo piensas en Dios?

H: Sí, pero es que eso depende también, hay distintas etapas de la vida. O sea, a veces sí, te cuesta mucho, porque te distraes, porque hay días que estás con el estado de ánimo mal, hay días que estás cansada o que estás enferma y otros días estás bien, pero eso ya depende de cada una. Y también la oración es una gracia que da Dios. A veces, hay momentos mejores y momentos peores. Pero sí que hay que hacer un esfuerzo por mantener la mente elevada a Dios… El día que no puedes, o el rato que no puedes, los mortales somos así, no pasa nada. Lo importante es la voluntad.

JM: Vale, vale. Y bueno, ¿qué es el éxtasis? La enseñanza de santa Teresa cuando se pone a explicar esto ¿te lleva a este éxtasis?

H: No, no. El éxtasis es una gracia mística extraordinaria que Dios da a quien quiere y eso el hombre no lo puede conseguir. Eso lo da Dios a quien quiere y cuando quiere. El éxtasis es… pues éxtasis significa salir de sí, eso es lo que significa la palabra, es una gracia mística en que el alma, como que el alma sale del cuerpo, aunque en realidad no puede salir porque la separación del alma y del cuerpo es la muerte. Es lo que sienten las personas que lo han experimentado, es lo que explican, son comparaciones. Y el alma se acerca a Dios muchísimo, todo lo que se puede en esta vida. Aunque acercarse no es la palabra exacta, porque Dios es el que nos sostiene, está en nosotros, no está lejos de nosotros. Es más una experiencia fuerte de Dios, de que existe. Según la biblia no se puede ver a Dios y seguir con vida. Si vieras a Dios te morirías. Pero tienen una experiencia de Dios muy fuerte y hasta el cuerpo queda paralizado. De hecho santa Teresa se elevaba, y ha habido santos a quienes les ha pasado eso. Hay una cosa muy graciosa que se cuenta en la vida de santo Tomás de Aquino. Se dice que santo Tomás de Aquino no se extasiaba porque estaba muy gordo.

Risas.

H: Sí, sí (entre risas), eso se dice.

JM: Un chiste de curas y de monjas.

H: ¡Uy! tengo muchos.

JM: Entonces, estos libros que escribe santa Teresa a sus monjitas, si ella tiene una experiencia de éxtasis sería como enseñarles el camino para que sus monjitas tuvieran también una experiencia de éxtasis, ¿no? Si no, no tiene sentido, ¿no?

H: No, porque el éxtasis es una gracia mística que Dios da y que no es necesaria para salvarse. O sea, ella no nos enseña para que nos extasiemos. Identifica la oración con la santidad de vida, entonces para ella la oración mejor, una frase que usa, la que deja mejores dejos (resultados). Es decir, que se vea en la vida de la persona que es buena, que tiene un buen comportamiento… santidad de vida, para ella esa es la mejor oración. Luego hay naturalezas tan distraídas que les cuesta mucho centrarse en la oración y concentrarse, y a ellas santa Teresa también les habla, les dice que no se preocupen, que si Dios en esta vida no les da esa gracia mística es que les está guardando lo bueno para la otra vida y ella llama a estas imaginaciones de caballos desbocados. Luego cuenta su experiencia, pero que no pasa nada al que no la tiene. Sobre todo en aquella época parece ser que había monjas y frailes que tenían bastantes experiencias místicas, porque Dios quiso, parece que ahora Dios no las da. No pasa nada. Ella continuamente nos enseña el camino de la oración, y habla mucho de la oración para quitar todos estos escrúpulos, para que sepamos que si no tienes gracias místicas no pasa nada, que la verdadera oración es la que deja mejores dejos. Pues eso, que la identifica con santidad de vida, está continuamente entremezclando las dos ideas.

JM: Ayer tuvimos una reunión de filosofía y salió mucho el tema de la moral. Yo te estoy escuchando a ti y me da la sensación de que santidad de vida está profundamente conectado con la moral. ¿Es así?

H: Sí.

JM: Mi percepción de la moral la expuse yo ayer y la entiendo de dos maneras. Una es que a través de la moral se va una persona purificando para que el alma sea más brillante, se me ocurre esa palabra, como decía Plotino. Plotino decía que el alma del ser humano era como un diamante lleno de barro, entonces con la moral vas puliéndola. Eso es una manera de verla. Y después está otra, de la que yo soy más ferviente, le profeso más profundidad, es que, si tú tratas de penetrar en ti mismo, de mayor concentración, de alcanzar tu yo verdadero, pues la moral elevada se va dando de una manera natural y, entre comillas, eres más bueno. Esa es mi posición, como yo veo estas cosas.

Tú estás de acuerdo, por ejemplo, desde la perspectiva de que a través de la moral se consigue la santidad, ¿no?

H: Bueno, es que la moral es un conjunto de normas. Entonces ahí está la moral católica, de otras religiones, otras éticas. Entonces no es que a través de la moral… sino cumpliendo la moral, que es una cosa estática, es un conjunto de normas. Ahora la santidad de vida es, pues sí, cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, los preceptos del evangelio, los consejos evangélicos. También la frecuencia de los sacramentos, la oración, esto es lo que nos enseña la Iglesia. Por eso santa Teresa lo identifica con santidad de vida, porque tú puedes estar haciendo oración, estar veinte horas delante de un sagrario y luego eres un mentiroso. No, vamos a ver, tu oración no es buena, si tú estás entrando en contacto con Dios, ¿por qué mientes, si mentir es pecado? Es a lo que se refiere santa Teresa cuando identifica la oración con la santidad de vida. Porque además era una época en que había muchas cosas de estas, iluminismo, creo.

JM: Sí, iluminismo.

H: Había monjas que imitaban éxtasis y luego se descubría que era mentira. Entonces santa Teresa decía: Eso dejadlo, que eso lo da Dios a quien quiere y cuando quiere. Vosotras centraros en una vida santa y la que haga eso será la que más unida a Dios esté.

JM: Por lo que veo se trataba de ofrecer como unas normas de purificación para que la gente no se perdiera en, iba a decir, malos rollos. Porque una de las cosas que tiene la New Age es que hay muchos iluminados (risas) que a lo mejor son personas que están muy leídos, muy estudiados, pero como no tienen un centro, pues a lo mejor tiene auténticas experiencias espirituales, pero no las saben canalizar y raya la locura, ese tipo de cosas, ¿no?

H: Puede ser.

JM: Entonces, santa Teresa proponiendo una serie de normas, pues trataba de equilibrar que la personalidad no se dispersara.

H: Claro, que distinguieras lo que era de Dios y lo que no. Porque podía ser fruto de tu fantasía.

JM: Totalmente de acuerdo, la fantasía es un fantasma que te lleva a la decepción, a la frustración. Por ejemplo, en mi búsqueda personal, trato de ser lo más equilibrado posible. ¿Cómo busco este equilibrio? Intentando hacer el bien… verás, yo pienso que si eres correcto tiene que salirte el equilibrio. Verás, la gente no va pegándole patadas a los perros por la calle y esas cosas, no está bonito (risas), pero… (entre risas) eso no entra en la cabeza de la gente, eso no es ser bueno, eso es ser normal. Tampoco es el estar intentando hacer el bien a todo el mundo, aunque el que lo reciba no quiera, eso raya el fanatismo, eso es ser un empalagoso. Hacer el bien desde mi punto de vista es hacerlo en lo que el día a día te va sugiriendo.

H: Mira, de hecho Jesús dice hacer el bien al prójimo, prójimo significa próximo, o sea, el prójimo es el cercano. Tú a quien tienes que hacer el bien— no tienes que intentar hacer grandes cosas ni fantasear— es al cercano. Y digamos que el bien tiene efecto dominó. Tú haces un bien a uno y ese a otro… y luego viene el ejemplo. Hay gente que fantasea mucho, se tiene por santo y lo que busca es la adulación, la alabanza, y este tipo de personas es muy amiga de llamar la atención. No hay que tener esa fantasía. Tú has bien al prójimo, y el ejemplo es lo que fecunda. ¿Sabes? Y eso es lo que hace, por ejemplo, en el caso nuestro de la Iglesia — hay gente fuera de la Iglesia que también son muy ejemplares—, pero bueno… san tal y san cual, incluso en otro siglo, aquel sacerdote que era un magnífico párroco, ese ejemplo lo puedes aplicar ahora, no hace falta ser una persona que llegue a todo el mundo. Es el ejemplo el que es imitable y universal, y con el efecto dominó llega a todo el mundo, eso… hacer el bien al prójimo y no hay que ir, como tú dices, por la calle diciendo yo soy maravilloso. También hay quien dice que el bien es como el aceite, que empapa, va poquito a poco, poquito a poco calando, queda ahí y es muy difícil de quitar.

JM: El bien es muy lento. Hay un escritor que me gusta mucho, Michael James, un devoto de Bhagavan Ramana Maharshi que dice: Slowing, slowing, es inglés, despacio, despacio. Dice que el progreso espiritual es muy despacio para que sea seguro; pero, por ejemplo, ¿desde que tú entraste de novicia jovencita a hoy, tú sientes una evolución en tu alma?

H: Sí, claro, evidentemente.

JM: ¿Qué entiendes tú por el alma?

H: ¿El alma? No sabría definir el alma. (Pausa). El alma es la parte espiritual del cuerpo. La parte del cuerpo que lo sustenta y anima. El alma está creada por Dios y es un espíritu que anima y sustenta al cuerpo, de hecho, la muerte es la separación del alma y el cuerpo, el alma se separa del cuerpo y el cuerpo ya no se mueve, ya se queda quieto… porque no tiene el alma.

JM: ¿Y el espíritu?

H: Pues la verdad es que ahí ya no sé decirte. Se distingue entre espíritu y alma, pero yo ya no sé, ahí no me meto. No sé hacer una definición de espíritu.

JM: Ya está un poquito más claro, pero cuando yo era más joven todavía había bastantes personas que no distinguían, espíritu y alma no solían diferenciarlo. ¿Tú piensas eso?

H: No sé diferenciarlo, pero creo que la teología sí lo diferencia, pero yo no sé darte una explicación, pero creo que sí, que una cosa es el alma y otra el espíritu. De hecho, san Pablo dice: “La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta donde se divide alma y espíritu, coyunturas y tuétanos, etc.”2Hb 4:12

JM: Mira, yo te voy a dar una explicación desde una perspectiva del hinduismo, ¿vale?

H: Sí, claro.

JM: A ver qué te parece. Mira, el hinduismo divide el ser humano, igual que el cristiano en “Espíritu, Alma y Cuerpo” Pero a su vez dividen el Espíritu en tres partes, el Alma en dos y el Cuerpo en otras dos.

H: Ajá.

JM: Consideran que el Alma y el Cuerpo es la personalidad. Luego lo que es la personalidad es la suma del Alma y el Cuerpo. A la parte más baja de la personalidad le dan el nombre de Etero-físico. Etero-físico porque el cuerpo humano al igual que estudia hoy en día la ciencia, dicen que está formado de átomos, que una célula está dividida en muchísimos millones de átomos y esos átomos se unen a través de una fuerza electrónica o etérica, por esa unión, le dicen Etero-físico al cuerpo. ¿Estás de acuerdo con eso? (Silencio). Para seguir avanzando.

H: Ni de acuerdo ni en desacuerdo, es la primera vez que oigo eso.

JM: Después hablan de un cuerpo pránico o vital, ¿qué diferencia hay entre un ser vivo y uno muerto? Es que el ser vivo tiene una energía o una vitalidad, ¿vale?, los hindúes le dicen a la energía “Prana”. La diferencia de una persona que ha perdido un brazo y el brazo que no está conectado con el cuerpo humano es que ese brazo no tiene vitalidad. ¿Vale? ¿Estás de acuerdo?

H: Sí, claro, el brazo ya no tiene vitalidad.

JM: Para explicar el Alma según el hinduismo observa este ejemplo: un animalito (ahora mismo tengo aquí al lado a mi perro). Mi perro y yo coincidimos los dos en que tenemos instintos, ¿vale? Los dos tenemos instintos de comer, de supervivencia, de procrear, una serie de instintos…. Somos iguales en las partes más bajas del alma, los instintos; pero los seres humanos tenemos otras cualidades algo más elevadas, por ejemplo, pensamos, ¿vale?, pensamos cosas, cosas como que voy a hacer mañana o que hice ayer. Y bueno, los animales superiores también tienen deseos de cosas ¿no?, e incluso pasan miedo. Mi perrito, por ejemplo, unas veces veo que tiene miedo de saltar de una silla al suelo. Entonces me digo: Este animal está pensando ahora mismo, pero no dejan de ser pensamientos relacionados con los instintos no constructivos. Por último, el ser humano, tiene un cuarto componente que mi animalito no tiene y también se engloba dentro de esa Alma, lo que son las pasiones, los deseos y sentimientos. Los deseos bañados de pensamientos es lo que se conoce como la mente racional, la cual sabe contar, sabe cantar, tiene posibilidades de escribir sus pensamientos… Si esa mente no está bañada de deseos hablaríamos de una mente clara o mente pura, en el hinduismo recibe el nombre de Manas. Manas ya no pertenece a la personalidad, o sea el hinduismo no lo considera Alma, lo considera como la parte más baja del Espíritu, también como pura intuición, imagínate viviendo en pura intuición, pues eso es ya vivir en el espíritu. Luego los hinduistas hablan Budhi, que tiene la misma raíz que Budha y le dan el mismo significado que Cristo, eso sería vivir en el altruismo puro y, por último, está el Atma que significa “Yo Soy” y, es lo que somos en esencia. Estas tres partes, aunque lo dividen para explicarlas, son solo una cosa, Atma.

Volviendo atrás, los hinduistas consideran el alma en lo que es la psique, utilizaremos la palabra “psique” (aunque es una palabra griega). El alma la consideran como la psique para abreviar.

H: Bueno, la psique… yo entiendo que es la mente.3La definición que da el diccionario de psique es la siguiente: Conjunto de procesos conscientes e inconscientes propios de la mente humana, en oposición a los que son puramente orgánicos. La Wikipedia nos dice: La psique, «alma humana», es un concepto procedente de la cosmovisión de la antigua Grecia, que designaba la fuerza vital de un individuo, unida a su cuerpo en vida y desligada de este tras su muerte. El término se mantiene en varias escuelas de psicología, perdiendo en general su valor metafísico: se convierte así en la designación de todos los procesos y fenómenos que hacen la mente humana como una unidad. Y la mente es una cosa distinta al espíritu y al alma.

JM: La mente, en el hinduismo se engloba en distintos aspectos. Verás, todo esto tiene muchas subdivisiones, yo estoy siendo muy sintético. La mente se engloba dentro del alma y después existen lo que sería la mente pura y sería dentro del espíritu, como he dicho antes. ¿De todo esto que te digo yo qué opinas tú?

H: Pues yo creo que la mente, el alma y el espíritu son cosas distintas, pero mira, me pierdo un poco.

JM: ¿Esas cosas no se estudian en la teología?

H: Sí, pero nosotras no estudiamos teología. Nosotras leíamos mucho, cada una leía lo que quería, y entre los libros que teníamos los había también de teología, pero estudios propiamente dichos de teología, no.

JM: Vale, vale.

H: En teología seguro que está aclarado, pero yo no lo sé.

JM: Otra pregunta que tenía yo por aquí. ¿Cómo concebís ahí a Dios? ¿Cómo se concibe a Dios? Un señor con barba, que está con un dedo así…

H: Son formas de representarlo. De hecho, no se sabe cómo es Dios, es espíritu y no se sabe cómo es, lo que pasa es que cuando se representa a Dios con barba es para nosotros. Como cuando se representa a un ángel con alas, los ángeles no tienen alas ni cuerpo. Lo que pasa es que se representan así. A veces cuando se han aparecido a gente, suelen aparecer como un muchacho de quince años. Por eso se les representa así, pero los ángeles no tienen cuerpo, son espíritu. Eso es para nosotros. A Dios ¿cómo lo concibo? Pues es un ser, Creador de cielos y tierra, nos ha creado a nosotros y es un ser superior, pero un hombre con barba no.

Risas.

JM: Y no sé qué más cosas… ¿Qué te apetece comentar? ¿De las cosas que hemos hablado?

H: No se me ocurre nada concreto.

JM: Si te parece entonces… sobre los libros de santa Teresa, ya hemos hablado antes, lo que más le interesa a las personas con quienes lo he estado hablando es El Castillo interior o Las Moradas.

H: Vale.

JM: Y así, una somera introducción. ¿De qué trata este libro?

H: Pues este libro es la cumbre de los libros de santa Teresa. Aquí habla única y exclusivamente de la oración. Y los libros ella siempre los escribía por petición de sus monjas, o por obediencia. Yo creo que poco hacía falta para que la convencieran porque es una gran escritora y le encantaba escribir. Y habla de la oración y la divide en siete grados, que los llama Castillo interior o Moradas, son siete moradas. Pero, como ella dice al principio, podemos imaginar todas las que queramos. Pero como de alguna manera lo tiene que explicar, digamos que son siete grados de oración. Hasta llegar al culmen, hasta llegar a la unión con Dios. Volvemos a lo de antes, que explica todo el camino de la oración para que el que vaya por ese camino se sienta identificado, en un grado o en otro, pero no quiere decir que haya que llegar al éxtasis para unirse a Dios. Simplemente que ella cuenta todo lo que a una persona que se dedica a la oración le puede pasar. Lo explica para que tú te sientas identificado cuando te toque, para que conozcamos las grandezas que Dios puede hacer en un alma aquí en la tierra, y las maravillas que nos tienen preparadas en el cielo. Te da consejos también, para que avances en el camino de la oración hasta llegar a la séptima morada, pero como he dicho antes, dejando siempre bien claro que la mejor oración es la unión con Dios, y no los éxtasis y gustos que puede haber en ella. También dice: Imaginaos mil moradas, si queréis, entrad y salid de una y de otra. Bueno, es una manera de explicarlo. Ella habla del castillo interior, le piden que hable de la oración y se le ocurre hablar de un castillo, es una metáfora. Y de lo que habla es de eso, de la oración, del proceso que hay en la oración y lo divide en siete grados.

JM: Vale, pero entonces, verás…cuando entras de novicia, por ejemplo, entrarías en la primera morada, ¿no es eso?

H: No, porque eso es una cosa del espíritu. Eso depende de cada una.

JM: Pero verás, si santa Teresa hizo el esfuerzo de escribir este libro a petición de sus monjitas, sería, pues, para que lo leyeran.

H: Sí, pero no quiere decir que porque seas postulante estés en la primera morada y porque lleves veinte años en el convento estés en la séptima, no tiene nada que ver. Eso depende del grado de oración de cada uno y de las gracias que Dios quiera dar a cada uno. Porque hay postulantes que entran muy hechas, por ejemplo, santa Teresa de los Andes murió al año de estar en el convento, y cuando entró es que ya era una santa. Ya a esa mujer le quedó poco, ¿sabes? Y otras a lo mejor no. La santidad no se puede juzgar, no se puede medir. No va con el tiempo ni con los grados de postulantado, noviciado… Es algo distinto.

JM: Bueno, y ¿cómo se llega a santo o a santa?

Risas.

H: ¿Cómo se llega a santo? Pues cumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios, haciendo oración y frecuentando los sacramentos. No hay otra.

JM: Pero los obispos cuando canonizan ellos sí lo saben, ¿no? Juan Pablo II que lo hicieron santo en nada de tiempo, tuvo que ser superbueno.

H: Cada uno tiene su proceso. Sabes qué pasa también que ahora los procesos son más rápidos, ¿por qué? Porque hay más medios de comunicación. Primero tienen que hacer un estudio de la vida de la persona. Fíjate de Juan Pablo II todo lo que había ya documentado. Hoy es más fácil porque tenemos fotografías, videos, tenemos datos de los santos. Y luego han aligerado el proceso, porque creo que antes hacían falta tres milagros para la canonización y ahora solo uno.

JM: Se ha bajado el ratio.

Risas.

H: Lo han puesto más fácil. Tú y yo también podemos llegar, no te preocupes, solo necesitamos un milagro.

Risas.

H: Pero no tiene nada que ver con eso. Además la canonización es otra cosa, la canonización es un título que la Iglesia da a algunos de sus hijos. Pero tú puedes ser santo y nunca llegar a los altares, no tiene nada que ver.

JM: Bueno, y hablando de Las Moradas. Por tocar un poquito el libro. Sobre el primer capítulo ¿qué podías decir tú? ¿Tienes algo a mano?

H: Lo tengo aquí.

JM: Venga, si quieres.

H: Mira, el capítulo primero, el título que pone (que son muy largos), es un título larguísimo: En que trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas: Pone una comparación para entenderse y dice la ganancia que es entenderla y saber las mercedes que recibimos de Dios y cómo la puerta de este castillo es la oración.

Las Moradas son un castillo y para entrar en ese castillo hay que hacer oración. Entonces en este primer capítulo ella trata de la hermosura y dignidad de las almas y compara nuestra alma con un castillo todo de diamante o muy claro cristal. Es la metáfora que se le ocurre para hablar de la belleza del alma. Y la puerta para entrar en ese castillo es la oración. A partir de ahí comienza a explicar la oración, los grados que tiene, y a medida que se va avanzando en la oración se va pasando de una morada a otra, hasta llegar a la última que es donde mora Dios.

El primer capítulo si quieres lo leemos para la semana que viene. El primer capítulo… a ver, son cinco páginas. Es poco, si queréis vemos también el segundo.

JM: Sí, porque si no se puede hacer esto eterno.

H: Por eso, lo que me digas. Mira, las primeras moradas son dos capítulos.

JM: Vale, vale. Pues lo hacemos por moradas.

H: Bien, lo podemos hacer por moradas.

JM: Vale, vale. Bueno, pues entonces como ya hemos hecho la introducción y algunas preguntas, vamos a leernos las primeras moradas y el domingo que viene te haré más preguntas.

Risas.

H: Haciendo el quinto grado.

JM: El quinto grado, ahí. Y tú has salido muy bien de todas.

Risas.

JM: Bueno, pues nada, lo dicho. Voy a cortar, ¿vale?

H: Sí, claro.

JM: Bueno, señores, hemos estado treinta y ocho minutos con Hortensia, antigua sor Gloria…

H: ¿Pero a ti quién te ha dicho eso? Yo no te lo he dicho.

JM: Tú me lo dijiste.

H: ¿Sí? ¿Yo te lo dije? No me acuerdo. Eso ha sido un pajarito.

JM: Sí, un pajarito. Bueno pues nada, ¡hasta otra muchachos!

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